¿Comer frutas es responsable de cerebros grandes?

Pues parece que  el comer frutas es responsable del aumento de tamaño en los cerebros de los primates.
Si se le pregunta  a cualquier biólogo qué es lo que hace especial a los primates, todos  te dirán lo mismo: cerebros grandes. Que o quien ha sido el  responsable de la  posible  evolución, desde los monos araña a los seres humanos y al uso de herramientas, encontrar alimentos y tener relaciones complejas en la vida en grupo, es motivo de estudio por parte de los científicos. Pero estos están en desacuerdo sobre lo que llevó a los primates a la evolución de sus grandes cerebros en primer lugar. Ahora, un nuevo estudio llega a una conclusión inesperada: la fruta.

“El estudio es enormemente valioso”, dice Richard Wrangham, un antropólogo biológico de la Universidad de Harvard que no participó en el trabajo. En los últimos 20 años, muchos científicos han argumentado que los primates evolucionaron sus cerebros más grandes al vivir en grupos más grandes, una idea conocida como la “hipótesis del cerebro social”. El gran tamaño de la muestra y los robustos métodos estadísticos empleados, sugieren que la dieta y la ecología merecen más atención, dice Wrangham. Pero no todos están convencidos. Otros dicen que aunque una dieta rica en nutrientes permite cerebros más grandes, no sería suficiente por sí mismo para ser la causa de una  evolución selectiva. Cuando los autores comparan la dieta y la vida social, “están comparando manzanas y naranjas”, dice Robin Dunbar, un psicólogo evolutivo de la Universidad de Oxford en el Reino Unido y uno de los autores originales de la hipótesis del cerebro social.

Alex DeCasien,  autor de otro nuevo estudio,  estudiante de doctorado en antropología biológica de la Universidad de Nueva York  quería averiguar si los primates monógamos tenían cerebros más grandes o más pequeños que las especies más promiscuas. Recopiló datos sobre las dietas y la vida social de más de 140 especies en los cuatro grupos de primates -monos, simios, loris y lémures- y calculó qué características tenían más probabilidades de asociarse con cerebros más grandes. Para su sorpresa, ni la monogamia ni la promiscuidad predijeron nada sobre el tamaño del cerebro de un primate. Tampoco ninguna otra medida de complejidad social, como el tamaño del grupo. El único factor que parecía predecir qué especies tenían cerebros más grandes era si sus dietas eran principalmente hojas o frutas, DeCasien y sus colegas informan hoy en Nature Ecology & Evolution.

Eso realmente no sorprende a Dunbar. “Para tener un cerebro más grande, hay que tener  un cambio en la dieta,”. Los nutrientes de las hojas están encerrados detrás de gruesas paredes celulares, y romper esas barreras requiere mucho tiempo y energía. Primates que comen las hojas tienen que digerir alrededor de horas, aplicando su energía en la digestión. Comer fruta, por otro lado, ofrece a un animal una subida de calorías en poco tiempo fácil de digerir. En los primates, el principal beneficiario de toda esa energía disponible es el cerebro.

Hasta aquí todo bien. Pero para Dunbar, una pregunta clave sigue siendo: ¿Por qué esa energía  desarrolló un cerebro más grande, y no otra parte del cuerpo? Ahí es donde entran las complejas vidas sociales de los primates, dice. Vivir en grupos grandes hace que sea más fácil para los primates defenderse de los depredadores, pero también significa manejar relaciones sociales cada vez más complejas. Las demandas cognitivas de esas relaciones hicieron que los cerebros más grandes utilizasen mejor la energía extra derivada de las frutas. Las mejores dietas simplemente proporcionaron el combustible para ese cambio evolutivo. “Dieta y sociabilidad no son explicaciones alternativas” para cerebros más grandes, dice Dunbar. “Son explicaciones complementarias”.

DeCasien ve otra posibilidad. Comer fruta es más difícil cognitivamente que comer hojas, dice. Un primate puede encontrar las hojas básicamente en cualquier lugar, pero debe recordar dónde y cuándo la mejor fruta es probable que crezca. Comedores de frutas también se extienden sobre áreas más grandes que los comedores de hojas, por lo que necesitan habilidades de orientación de primera categoría. Y debido a que algunas frutas pueden ser difíciles de alcanzar o protegidas con defensas como espinas, los primates también necesitan habilidades para resolver problemas o incluso herramientas. La evolución podría haber impulsado a los primates que consumen frutas a desarrollar cerebros más grandes para hacer frente a estas complejas condiciones de acceso a la fruta, dice DeCasien. En ese caso, la vida social podría ser en gran medida irrelevante.

DeCasien admite que la respuesta podría no ser blanco y negro. Las dietas podrían haber comenzado el crecimiento del cerebro, lo que permite los primeros indicios de vidas sociales más complejas. Las demandas cognitivas de esas vidas sociales, a su vez, podrían haber impulsado aún más la evolución. “Definitivamente es imposible que se aparte en algún momento”.

Wrangham opina que cualquiera de estas historias son plausibles,  pero es notoriamente difícil distinguir presiones selectivas de cambios fisiológicos beneficiosos en estudios de correlación como éste. Sospecha que la dieta permitió, en lugar de conducir, la evolución de los grandes cerebros. Pero está convencido de que la dieta está íntimamente ligada a la evolución, especialmente en una especie particular de primates: los humanos. “La cocina es lo que ha llevado al linaje humano a un reino totalmente nuevo”,  especialmente después de que aprendimos a cocinar carne.El nuevo estudio apoya esta historia de saltos cognitivos vinculados con la dieta, y espera que traerá renovada atención al papel de la dieta en la evolución.

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